PRIVATIZACIONES Y DEUDA: EL DERRUMBE DE MILEI ACELERA EL SAQUEO
El gobierno de Javier Milei transcurre en dos planos. El del relato —austero, antisistema, refractario a la élite— y el de los hechos: el uso de lo público para beneficio privado.
En el tercer año del mandato esos dos planos confluyen en un nudo que busca atar negocios a largo plazo con endeudamiento récord y compromisos geopolíticos que propicien la continuidad del experimento “anarco capitalista” con o sin Milei. Es la preocupación que tensó el encuentro de magnates en el Llao Llao y verbalizó el tecnofeudalista Peter Thiel en su visita a la Casa Rosada: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?” dijo Milei que le preguntó el fundador de Palantir. El interrogante no ocurrió en el vacío. Las encuestas exhiben un derrumbe en la consideración pública del presidente, cuyo principal aporte a sus sponsors consistía en garantizar la sustentabilidad política del plan de negocios bajo el manto de una democracia vaciada pero institucional. Sin garantía de continuidad electoral, Milei pasa a ser un lastre para los planes de los dueños del dinero y el poder, que ya buscan Plan B, al tiempo que impulsan un blindaje al saqueo en curso.
Carrera contra el tiempo
En el evento Expo EFI, Caputo anunció los activos que el gobierno prevé rematar antes del cierre de 2026: la participación estatal en Transener, las centrales térmicas Manuel Belgrano y San Martín, una batería de concesiones hidroeléctricas, el Belgrano Cargas, Intercargo, el agua y el saneamiento del área metropolitana a través de AySA, el astillero Tandanor y la Casa de la Moneda. El conjunto de esas operaciones, según estimaciones oficiales, podría generar en torno a los 2.000 millones de dólares.
El número proyectado pretende llevar certidumbre a los acreedores que, tras el jubileo de carry trade, ahora huelen a default. El croupier Caputo acumuló en abril más de 1.300 millones de dólares de nueva deuda a través de dos bonos en dólares —el Bonar 2027 y el Bonar 2028— colocados en el mercado doméstico con tasas nominales anuales de 5,04% y 8,44% respectivamente. En total, entre las licitaciones previas y las de ese mes, el stock en esos instrumentos superó los 2.279 millones de dólares. Los fondos captados no fueron a reservas: están comprometidos a cubrir vencimientos por 4.300 millones de dólares previstos para julio. En el medio, el Tesoro también enfrenta un pago de 800 millones al FMI a comienzos de mayo, con la posibilidad de un desembolso de 1.000 millones del organismo —previsto en el acuerdo vigente— demorada por falta de avance técnico.
El cuadro es el de un gobierno que vende el futuro para pagar el presente, y vende también el presente para financiar el futuro inmediato. Más privatizaciones y más deuda, al mismo tiempo y por los mismos motivos: los problemas de caja que el programa mileísta generó.
Transener: un caso testigo
De todos los procesos de privatización en marcha, el de Transener funciona como punto de muestra del tejido en curso. La empresa opera cerca de 15.000 kilómetros de líneas de alta tensión y transporta el 85% de la energía eléctrica del país. Es, en términos prácticos, el sistema nervioso del suministro energético argentino.
La licitación por el 50% de Citelec —la sociedad controlante de Transener— enfrentó tres oferentes en la plataforma estatal Contrat.ar. El Grupo Edison, integrado por la familia Neuss, la generadora de energías renovables Genneia —del banquero Jorge Brito— y el grupo Newsan, de los empresarios Rubén Chernajovsky y Luis Galli, quedó a un paso de la adjudicación con una oferta de 356 millones de dólares: 55 millones más que lo ofrecido por Central Puerto —de Nicolás Caputo— y 126 millones más que Edenor, de José Luis Manzano.
Un detalle, sin embargo, activó un escándalo solapado por la omertá contratista. Las ofertas estaban previstas para publicarse a las 10 de la mañana. A esa hora aparecieron las propuestas de Central Puerto y Edenor. La de Edison Energía —la ganadora— se cargó al sistema una hora y doce minutos después. Una providencial “caída del sistema informático” primero provocó confusión y luego suspicacias. ¿Acaso los ganadores ajustaron su oferta durante el apagón, con los números de sus competidores a la vista? Ninguna de las empresas que quedaron en el camino cuestionó el proceso en forma pública. Asumen, claro, que serán compensados por la gentileza.
La explicación de ese silencio se explica además por la cartografía social de quienes integran el holding ganador. El vehículo Edison Energía fue constituido en 2025 con la participación del fondo Inverlat, cuyos socios incluyen a Federico Salvai, ex jefe de Gabinete del gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal, y a los banqueros Carlos Giovanelli, Damián Pozzoli y Guillermo “Willy” Stanley, protagonistas de la orgía privatizadora menemista que el gobierno de Milei procura recrear. Algo parecido ocurre con los Neuss, un clan con antecedentes que se proyecta como el predilecto del estrago mileísta.
