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LOS DESAFÍOS DE MASSA PARA EL BALOTAJE: DE LA INCÓGNITA EN CÓRDOBA A LAS PROVINCIAS PERONISTAS CONQUISTADAS POR MILEI

El candidato de Unión por la Patria necesita cautivar al electorado de Schiaretti y Llaryora, que se caracteriza por ser antikirchnerista. Los primeros sondeos y el perfil del nuevo tramo de la campaña

A esta altura de la campaña en el peronismo tienen una certeza. Más allá de la algarabía del triunfo en las elecciones generales y el optimismo que atraviesa las distintas terminales de la coalición. El balotaje será parejo. Muy parejo. Voto a voto. Así lo marcan algunos de los primeros sondeos que llegaron al búnker de Unión por la Patria (UP).

Para el oficialismo aún es imposible descifrar qué efecto generará en el electorado el pacto que hicieron Javier Milei, Patricia Bullrich y Mauricio Macri esta semana. Lo que tienen en claro es que el caos interno de Juntos por el Cambio y los cuestionamientos de los legisladores de La Libertad Avanza (LLA) a esa decisión exponen a una alternativa política plagada de contradicciones y desencuentros.

Massa levantó la cantidad de votos en todas las provincias del país aunque perdió en 11 de ellas. Lo que importó fue la sumatoria respecto a las PASO, que generó un acumulado nacional que terminó con su victoria por 7 puntos de diferencia sobre el candidato libertario. Dio vuelta ocho provincias y en total ganó en trece.

Por eso parte del esfuerzo de este último tramo de la campaña está en tratar de dar vuelta las provincias donde perdió o volver a aumentar la cantidad de adhesiones aunque no pueda quedarse con el triunfo. Salvo en algunas del centro del país donde, por el perfil del electorado, le conviene que aumente el ausentismo. Que haya menos gente que se movilice para votar en contra del peronismo. Un ejemplo de eso es la decisión de bajar a Leandro Santoro del balotaje porteño para no incentivar a los votantes del PRO a salir de sus casas.

Javier Milei ganó en Salta, Jujuy, San Juan, Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Chubut y Misiones. Mientras que Juntos por el Cambio ganó en la Ciudad de Buenos Aires. De esos distritos, tres están gobernados por aliados del oficialismo como son el salteño Gustavo Sáenz, el misionero Oscar Herrera Ahuad y el neuquino Omar Gutiérrez.

Sin embargo, en esas tres provincias fue donde más creció Massa entre las PASO y las elecciones generales. En Salta obtuvo un 12% más de votos, en Neuquén un 10,7% y en Misiones un 9,8%. El objetivo es crecer sobre esa nueva base electoral. En el peronismo no consideran que hayan llegado a su techo. Hay margen para crecer. Un poco más.

De las provincias que perdió, cuatro son gobernadas por mandatarios del peronismo y una por el único peronista disidente del país: el cordobés Juan Schiaretti. Parece no ser casualidad que en las cuatro provincias donde actualmente gobierna el peronismo – San Juan, Santa Fe, Chubut y San Luis -, Juntos por el Cambio ganó la última elección. Es decir que a partir del 10 de diciembre cambiará de color político.

El electorado ha rechazado al peronismo en la versión local y también en la nacional. Por eso el desafío es doble en una instancia donde solo son dos opciones las que se pueden elegir. Massa insiste con la idea de unidad nacional como punto de encuentro entre varias fuerzas políticas – como las provinciales que conducen esos distritos – y hace hincapié en propuestas concretas, como su plan integral de seguridad y monitoreo, o la reforma profunda del sistema impositivo.

De esa forma busca darle sustento a su agenda en detrimento de las polémicas propuestas de Milei. Un anzuelo interesante para un sector de la población que no lo votó y que ahora debe poner en la balanza el contenido ideológico de las propuestas pero, sobre todo, de gestión. En este momento clave de la elección se trata de más propuestas y menos frases rimbombantes contra el competidor. Massa lo tiene en claro y por eso es moderado en su discurso. Mide cada palabra y cada concepto que desarrolla.

Córdoba, la figurita difícil

De todas los distritos donde el ministro de Economía no pudo ganar, hay uno que es clave: Córdoba. La provincia que gobierna Schiaretti y que en dos meses comenzará a gobernar Martín Llaryora, es el segundo distrito electoral del país. Concentra casi el 9% del padrón nacional. Allí el 84% de las personas que fueron a votar decidieron no elegir al candidato de Unión por la Patria. Una señal de lo complejo que será juntar adhesiones en esa tierra.

Fue tan fuerte el fenómeno Milei en Córdoba que el candidato libertario ganó en las PASO y en las elecciones generales, relegando a Schiaretti – gobernador con alta imagen positiva y aprobación de gestión – al segundo lugar. En las últimas elecciones Milei sacó el 33,54% de los votos, Schiaretti el 29,01%, Bullrich el 22,62% y Massa el 13,42%.

Schiaretti obtuvo el 6,78% de los votos a nivel nacional y quedó cuarto. Son 1.784.315 votos de todo el país pero que en su mayoría están concentrados en Córdoba. Es una cifra clave en la disputa del electorado que están haciendo Massa y Milei para ganar la elección. Por eso el ministro de Economía le habló a los votantes del mandatario cordobés la misma noche en que ganó las elecciones generales. Debe tratar de convencer a la mayoría.

En Córdoba aseguran que la relación entre Massa y Schiaretti es protocolar. “Nunca hubo un enamoramiento. No hay feeling político. Si alguna vez hablaron seguido fue por De la Sota”, advirtieron. En la provincia sostienen que el vínculo fuerte con la provincia que tuvo Massa fue con el ex gobernador José Manuel de la Sota, su socio en UNA (Unidos por una Nueva Alternativa) en las elecciones del 2015.

Con Schiaretti formó Alternativa Federal durante el 2018. Fuerza que fundaron junto a Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto. Ese espacio duró un año y explotó por los aires cuando Roberto Lavagna, que se había sumado en la antesala de las elecciones, se negó a ir a unas PASO. En paralelo, el estallido empujó a los fundadores a cerrar nuevos acuerdos en forma simultánea. Fue un intento fallido de construir una alternativa peronista sin el kirchnerismo.

Massa acordó con Alberto Fernández y Cristina Kirchner ser parte del Frente de Todos, Juan Manuel Urtubey rechazó en dos oportunidades ser candidato a vicepresidente de Mauricio Macri – ofrecimiento que le hizo el propio presidente en ese momento -, Schiaretti se refugió en Córdoba donde volvió a competir por la gobernación en una fórmula conformada con Martín Llaryora, el último gobernador electo, y Pichetto aceptó ser la segunda opción del entonces gobernador salteño y se convirtió en candidato a vicepresidente de Macri. Lavagna compartió fórmula con Urtubey y quedó en el tercer lugar.

Diferente es la relación que el ministro de Economía tiene con Martín Llaryora, el gobernador electo de Córdoba que comenzará su mandato en diciembre de este año. Hay buen trato y diálogo. Pero en la capital cordobesa, actualmente gobernada por Llaryora, advierten que el nuevo mandatario deberá moverse con sutileza para cuidar el caudal de votos con el que llegó al poder provincial, en lo que fue una elección muy ajustada frente a Luis Juez.

“Si Martín juega con Massa desde el minuto cero, la aprobación que tiene en la gestión y su alta imagen positiva se caería de manera importante. Un acuerdo o una foto hoy le sirve a Massa y le resta a Martín”, sentenció un dirigente del peronismo cordobés con base política en la capital provincial.

El punto de conflicto es el kirchnerismo. Nadie olvida en Córdoba el destrato de los Kirchner desde el 2008, con el conflicto de la 125 por las retenciones móviles, a esta parte. No hubo forma de remontar esa situación y las diferencias se profundizaron con el correr de los años.

“Nosotros sacamos adelante la provincia porque gestionamos bien. Nunca tuvimos recursos del Estado para obras cuando gobernaron ellos. En el 2013 ni siquiera nos mandaron la Gendarmería cuando tuvimos una huelga de la Policía y empezaron los saqueos. A nosotros siempre nos la hicieron complicada”, aseguró un funcionario del gobierno cordobés.

El problema no es Massa, el problema es el kirchnerismo. Y en Córdoba aglutinan todo bajo el mismo techo. Un dirigente cordobés que conoce bien los vericuetos del vínculo entre el peronismo cordobés y los K retrató la situación con una humorada: “Acá vos decís que sos kirchnerista y te deja tu novia”. La sociedad cordobesa es, ante todo, anti K. Y esa será una de las principales dificultades que tenga el candidato de UP a la hora de buscar el voto.

En el peronismo cordobés aseguran que “Massa hará una mejor elección” que en la general porque hay intendentes y dirigentes del PJ que ya están trabajando para que así sea. Van a traccionar más votos. Pero advierten también que ese movimiento “no moverá demasiado la aguja” y que “difícilmente pueda capturar la mitad de los votos que sacó Schiaretti”.

Es un enorme desafío para Massa conquistar esos votos. Hay un puñado de argumentos con los que saldrá a la pesca. El principal es su contrincante. La inviabilidad de un proyecto político de Milei, que es lo que el candidato de UP viene marcando desde hace tiempo. “La propuestas que tiene son irrealizables y sus comportamientos inadmisibles”, sostienen cerca del ministro. En esta etapa la sociedad cordobesa tiene menos margen de acción para decidir en una elección trascendental para los próximos cuatro años.

Después volverá a la carga con la quita de retenciones y los beneficios fiscales para el sector agropecuario y, sobre todo, focalizará en la idea de que el presidente será él y que la historia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner no se volverá a repetir. “Massa es Massa y a partir del 10 de diciembre será el jefe. Empieza una nueva etapa”, sostienen en el búnker de campaña. El resto será historia.

Juan Schiaretti y Martín Llaryora viajaron el último miércoles a Arabia Saudita – junto al gobernador santafesino Omar Perotti – para firmar un acuerdo por un préstamo de 100 millones de dólares, para desarrollar un nuevo tramo de la obra del acueducto Interprovincial Santa Fe – Córdoba. No es un viaje más.

Ese excursión, que durará 12 días, será clave para la política cordobesa pero también para la política nacional. Allí el gobernador saliente y el mandatario electo definirán cómo será el traspaso de mando, la conformación del nuevo gabinete y cuál será la posición que tomará el peronismo cordobés de cara al balotaje. A la vuelta de ese viaje habrá una definición.

Ninguno de los mandatarios está apurado en tomar una decisión ni tienen un compromiso con los candidatos. Así lo resaltan en el núcleo duro de la fuerza provincial. La postura que ambos mandatarios tienen al día de hoy es de absoluta indefinición.

Cuando vuelvan a Córdoba definirán si juegan a favor de alguno de los candidatos o si son neutrales. Por ahora no son ni una cosa ni la otra. Un híbrido que les permite estirar en el tiempo la definición. No es una decisión más. Aunque hayan salido cuartos en la elección general, tienen el poder de marcar un rumbo que perjudique o beneficie a algunos de los candidatos presidenciales. Tienen la pelota bajo el pie.

 

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